Los mejores chistes



¿Por qué los elefantes no pueden chatear?
Porque le tienen miedo al mouse.
Este era un niño tan feo, pero tan feo, que cuando iba a salir a la calle, para darse ánimos le preguntaba al teléfono:
¿Quién es el niño más bonito?
Y el teléfono sonaba tu tu tu tu tu tu tu tu tu...
Estaba Jaimito en la escuela, y la maestra siempre acostumbraba a preguntarles a sus alumnos en qué iban a la escuela:
Pablito, dime, ¿En qué viniste a la escuela?
Mi papá me trajo en su Ferrari, maestra.
¿Y tú, Carlitos?
Mi mamá me dejó en su Jetta, maestra.
¿Y tú, Jaimito?
En mi bicicleta, maestra.
Y todo los días era lo mismo, y cada vez que Jaimito decía que iba en su bicicleta, todos los niños se burlaban de él.
Un día llega Jaimito a la casa y le dice a su mamá:
Mamá, mamá, yo no quiero ir más a la escuela, porque cada vez que la maestra nos pregunta en qué fuimos, yo digo en mi bicicleta y todos los niños se burlan de mí.
Pero no seas tonto, Jaimito, ¿Por qué no dices que fuiste en un Mercedes?
Al otro día la maestra hace las mismas preguntas, y cuando llega el turno de Jaimito,
¿En qué viniste a la escuela?
En un Mercedes, maestra.
¿Y por qué llegaste tan tarde?
Pues, porque se me salía la cadena a cada rato, maestra.
Resulta que a un famoso guitarrista le propusieron ofrecer un concierto en algún país de África, y éste aceptó. A tiempo tomó el avión y cuando sobrevolaba la selva éste se estrelló en medio de la selva, sólo sobrevivieron el guitarrista y su guitarra. Al rato, se le acercó un león con cara de hambriento y luego otro y otro. En ese momento se acordó de que había leído que la música calmaba a los animales, y muy nervioso se puso a tocar una canción. Los leones se calmaron y acostaron a su alrededor, y el músico se tranquilizó pensando que se había salvado de morir, cuando de repente, de entre los árboles salió un león furioso y se comió al guitarrista, y uno de los primeros leones le dijo a otro:
¿Ves? ¡Te dije que el sordo, nos iba arruinar el concierto!
Estaba un atlante haciendo fila para comprar un pasaje de avión. Como era la primera vez que lo hacía, y no estaba seguro qué decir, se acercó a la chica que estaba delante de él, para escuchar lo que pedía.
La chica dijo:
Deme un pasaje para Florida, sólo ida.
Entonces, al llegar el turno del atlante, éste pidió:
Deme un pasaje para Nueva York, sólo York.
Había una vez un chico tan tonto, pero tan tonto, que un día se quedó encerrado en un supermercado y se murió de hambre.







